Que qué pienso?, me dice el Caralibro... hay dos tipos que
sobresalen por su honradez, lo cual es mucho en la patética situación por la
que pasa nuestra oferta electoral. Albiol y Baños. Me gustan, se diferencian del
resto, creen en algo, y sienten con honestidad. Y ahí os dejo una , ¿ creer en
lo que se siente o sentir en lo que se cree?. Yo lo tengo claro, soc català,
neng! . Seny.
La solución es Federal
Interesante encuentro ayer en El
Cercle d’Economía," La solución es Federal". Brillante el primero, en
contenido, y en continente, pero..." el estado autonómico es un poquito de
federal". Gran discurso enriquecido con innumerables citas. Quizás se le olvido
“aquella que diu” no se puede estar un poquito… embarazada, verdad?. Histriónico
de principio a fin, fue la salsa de los caracoles. Se agradece.
Ante ciertas carencias
protocolarias el Alcalde tomo el mando, que para eso es tal, se notaban empujones
de amagatotis, no es la silla es la idea.
Y por fin el esperado. Por algunos
el deseado. Con el listón de la oratoria por las nubes, (a quién se le ocurre semejante
telonero para tal artista), da comienzo a la faena con sueltos capotazos de
tanteo. En todo momento intento centrar el toro con recursos clásicos, hoy ya
no gustan, no sorprenden. Atacar al contrincante ya aburre pero sobre todo, no
aporta soluciones. Hasta que cambio el
tercio. Entonces saco el toreo hondo, se volcó desde dentro, mostro La Verdad.
Le falto convicción, esa falta de fe del que teniendo muy claro donde quiere
ir, no tiene tan claro el camino. Aun así fue firme en su creencia y querencia.
Faena deslucida pero noble. Siempre con los pies muy bien plantados en el albero.
Al final las orejas se las
pudieron llevar desde la barrera. Con gran esfuerzo de vocalización para poder
ser entendido desde el tendido. Faena impecable: fijó al toro, lo calmó y lo
hizo pasar por donde quiso, para dejarlo listo para la suerte final. Hubo
ovación. Fue Alcalde.
En resumen una estupenda velada,
herida de ausencias, pero con la concurrencia de los que quieren y deben tirar
adelante esto. Trabajo queda. Es una carrera de orientación y el cronometro es
implacable. Hay ganas, solución?. Menos odio y más amor parecen indicar el rumbo.
La solución es Federal?, la solución es una palabra que no se oyó en toda la
noche: España.
Recursos y Humanos (Versión para SKILL & MIND)
Pasaban algunos minutos de las nueve de la noche cuando Andrés me llamaba para contestar mi mensaje. Acababa de salir del despacho del jefe supremo; Disculpa camarada acabo de salir del despacho de Emmanuel y no podía atender tu llamada, me decía en un tono que discurría entre la disculpa y la explicación. Eran las nueve de la noche y todavía le quedaban sesenta kilómetros desde la fábrica a su casa. Y otros tantos minutos más o menos para poder atender a nuestra cita antes de volver a desaparecer en un viaje de semanas.
Andrés era un alto ejecutivo de una multinacional española, aun así tremendamente pueblerina en su más peyorativo y denostado significado. Porque la empresa estaba en manos de su propietario mayoritario. Un hombre anclado en el pasado capaz de desaprovechar todas las oportunidades que ofrece el viajar. De los que entienden que recibir un salario, supone carta blanca sobre la vida del prójimo, como si el sueldo no fuera tal, sino el precio de una compraventa. De la venta de un alma al diablo.
Como Dios los crea y ellos se juntan, el director del área de recursos humanos, un tal Roman Carruana, le iba a la zaga en cuanto a procedencia rural. También aquí uso el término rural, no precisamente, en el onírico ideal de vida que muchos tenemos sobre lo maravilloso que resulta vivir en el campo, sino más bien en su lejanía de los núcleos de población. En su desconocimiento o incluso desprecio hacia quien los habita. Las personas. Diríase que son prototipos de individuos más acostumbrados a tratar con animales. Y de los llamados de carga, antes que de los llamados de compañía. Estos últimos, que también los tienen, suelen estar atados a cadenas en el patio, fuera de la vivienda. Porque tienen de todo. Es más, entre el ser o tener, siempre prefieren tener y en el caso de ser, El Amo.
El caso es que la ínclita compañía, a pesar de disponer de múltiples ramificaciones entre el sector público, y estar bien posicionada en numerosos países de varios continentes sufría un constante goteo de personal. El departamento de recursos humanos siempre andaba desbordado de trabajo. En búsqueda constante de nuevo personal. Intentando tapar así, esas goteras por donde se perdía el talento. Poco a poco, pero de forma constante.
Resultaba curioso que una empresa dedicada al cuidado del medio ambiente, reprodujera tan fielmente el ciclo natural del agua en su tratamiento de los recursos humanos. El calor de la acogida imitaba al poder del sol sobre los mares. El nuevo trabajador experimentaba una sutil pero constante elevación hasta situarse sobre el resto de mortales, estaba, se creía, en el cielo. Como con la evaporación del agua, también lo hacia su esencia, como humano. Ya era una nube. A partir de ahí, dependía de los vientos. A pesar de no disponer del gobierno sobre el propio rumbo, los dulces y cálidos alisios del inicio le permitían viajar y ver mundo. Pero el propio ciclo te arrastra hasta la costa, donde de manera inevitable tarde o temprano, aparece un obstáculo.
Resultaba curioso que una empresa dedicada al cuidado del medio ambiente, reprodujera tan fielmente el ciclo natural del agua en su tratamiento de los recursos humanos. El calor de la acogida imitaba al poder del sol sobre los mares. El nuevo trabajador experimentaba una sutil pero constante elevación hasta situarse sobre el resto de mortales, estaba, se creía, en el cielo. Como con la evaporación del agua, también lo hacia su esencia, como humano. Ya era una nube. A partir de ahí, dependía de los vientos. A pesar de no disponer del gobierno sobre el propio rumbo, los dulces y cálidos alisios del inicio le permitían viajar y ver mundo. Pero el propio ciclo te arrastra hasta la costa, donde de manera inevitable tarde o temprano, aparece un obstáculo.
Entonces, no importa el tamaño de la montaña. Ni del problema. No decide la nube, sino el viento. Aflojar en su intensidad para que todo fluya y se supere el obstáculo. O mantener la fuerza pretendiendo quizás tumbar la montaña, ¿con una nube?. En cualquier caso, hace tiempo que el individuo dejo de controlar su destino. Hace tiempo que está en manos de los caprichos del viento. En cuanto la presión llegue a un punto, se precipitara como gotas de lluvia, o de talento. Debiendo iniciarse de nuevo el ciclo. Que trabajo más fértil para la tierra, que trabajo más estéril para los recursos humanos.
Una vez hubo llegado Andrés a nuestra cita, buscamos un 24 horas para cenar algún sandwich y poder charlar, pues hacía tiempo que no coincidíamos debido a nuestros constantes viajes.
-Veras- continuó explicándome a la vez que arqueaba levemente una de sus blancas cejas -el lunes a primera hora, Lee me llamo a su despacho para que programará entrevistas con los otros dos de la terna. No podemos permitirnos el lujo- me dijo Lee, en un tono que no albergaba ninguna duda – en dejar semejante proyecto en manos de un hombre así.
–¿Qué tal tu por Miami?- me espetó solo sentarnos.
- ¡No te lo vas a creer!- contesté claramente emocionado. Coincidí en un vuelo interno con un abuelete genial. Volvía a casa después de dar una conferencia en Boston, donde le esperaba su mujer en aquel paraíso que supone Florida para los jubilados. Yo le explique que acudía a una cita de negocios y que apenas pasaría unas horas en el condado de Dade antes de dar el salto del charco.
Me estuvo contando algunas batallitas, era un tipo muy interesante. Había estado muchos años como mano derecha de Lee Iacocca, el gran referente del Management de finales del siglo pasado. Historia viva. Y ante mi verborrea sobre temas de mi trabajo me soltó una de buena.
Resulta que a mediados de los setenta, debían iniciar un importante proyecto con un presupuesto cuyas cifras podrían, digamos, llegar a marear. Iacocca le llamo a su despacho, como solía hacer siempre que necesitaba “otros puntos de vista”, para decidir qué persona debía hacerse cargo de dicho proyecto.
Al final, me contó, llegaron a una conclusión. Debido a la importancia del proyecto para la compañía, y a la elevada cuantía del presupuesto, el elegido debía ser alguien de dentro. Algún directivo que conociera bien la empresa. Así que decidieron hacerlo público entre el staff de más alto rango a nivel nacional.
Ese mismo viernes, al acabar la convención en la que se había anunciado la vacante, John Fitzgerald , uno de los jóvenes talentos de la compañía, solicitó verse con el mismísimo presidente. Así que allí estaban el abuelete, que entonces todavía era un maduro directivo, y Iacocca, dispuestos a recibir a uno de los que, curiosa casualidad, era de los tres preelegidos para la terna final.
Fitzgerald fue al grano de entrada. Se postulaba como la mejor opción para ese cargo. La sonrisa de Iacocca y el abuelete (que entonces todavía no lo era) por haber tenido buen ojo en la previsible terna, dio alas al discurso de Fitzgerald. Expuso con meridiana claridad, todos sucesivos éxitos que habían reafirmado toda su ascensión en la empresa a lo largo de 14 años. Realmente era un tipo con mucho talento, y energía suficiente para llevar a cabo cualquier proyecto. Cerró su exposición remarcando su implicación con la empresa. Y como prueba de su dedicación, explicó, en los últimos cuatro años solo había podido coger un par de semanas de vacaciones, muestra irrefutable de su compromiso con los objetivos de la compañía.
El aterrizaje, un tanto movidito por la climatología, había interrumpido definitivamente la anécdota. -¡Wayne!- Le llame, cuando lo ví unos metros delante en la cinta transportadora de la terminal. Tras cuatro horas y media de viaje y un aterrizaje que más pareció un amerizaje, ya nos podíamos tutear. -Bueno, estamos en tierra sanos y a salvo- le solté mientras él giraba levemente el torso para verme acercar.
-Dime, ¿Cómo acabó la historia de Iacocca?-
-No lo aceptó- me cortó sin dejarme preguntar, más que con mi gesto de extrañeza.
-Veras- continuó explicándome a la vez que arqueaba levemente una de sus blancas cejas -el lunes a primera hora, Lee me llamo a su despacho para que programará entrevistas con los otros dos de la terna. No podemos permitirnos el lujo- me dijo Lee, en un tono que no albergaba ninguna duda – en dejar semejante proyecto en manos de un hombre así.
Alguién, sentenció muy despacio Lee, incapaz de organizarse para pasar al menos, dos semanas al año con su familia de vacaciones, nos dará, sin duda, problemas para gestionar tan importante cantidad de recursos, materiales y humanos.
Recursos y Humanos ( y III)
Una vez hubo llegado Andrés a nuestra cita, buscamos un 24
horas para cenar algún sandwich y poder charlar, pues hacía tiempo que no
coincidíamos debido a nuestros constantes viajes.
–¿Qué tal tu por
Miami?- me espetó solo sentarnos.
- ¡No te lo vas a creer!- contesté claramente emocionado. Coincidí
en un vuelo interno con un abuelete genial. Volvía a casa después de dar una
conferencia en Boston, donde le esperaba su mujer en aquel paraíso que supone
Florida para los jubilados. Yo le explique que acudía a una cita de negocios y
que apenas pasaría unas horas en el condado de Dade antes de dar el salto del
charco.
Me estuvo contando algunas batallitas, era un tipo muy
interesante. Había estado muchos años como mano derecha de Lee Iacocca, el gran
referente del Management de finales del siglo pasado. Historia viva. Y ante mi
verborrea sobre temas de mi trabajo me soltó una de buena.
Resulta que a mediados de los ochenta, debían iniciar un
importante proyecto con un presupuesto cuyas cifras podrían, digamos, llegar a
marear. Iacocca le llamo a su despacho, como solía hacer siempre que necesitaba
“otros puntos de vista”, para decidir qué persona debía hacerse cargo de dicho
proyecto.
Al final, me contó, llegaron a una conclusión. Debido a la
importancia del proyecto para la compañía, y a la elevada cuantía del
presupuesto, el elegido debía ser alguien de dentro. Algún directivo que
conociera bien la empresa. Así que decidieron hacerlo público entre el staff de
más alto rango a nivel nacional.
Ese mismo viernes, al acabar la convención en la que se
había anunciado la vacante, John Fitzgerald , uno de los jóvenes talentos de la
compañía, solicitó verse con el mismísimo presidente. Así que allí estaban el
abuelete, que entonces todavía era un maduro directivo, y Iacocca, dispuestos a
recibir a uno de los que, curiosa casualidad, era de los tres preelegidos para
la terna final.
Fitzgerald fue al grano de entrada. Se postulaba como la
mejor opción para ese cargo. La sonrisa de Iacocca y el abuelete (que entonces
todavía no lo era) por haber tenido buen ojo en la previsible terna, dio alas
al discurso de Fitzgerald. Expuso con meridiana claridad, todos sucesivos
éxitos que habían reafirmado toda su ascensión en la empresa a lo largo de 14
años. Realmente era un tipo con mucho talento, y energía suficiente para llevar
a cabo cualquier proyecto. Cerró su exposición remarcando su implicación con la
empresa. Y como prueba de su dedicación, explicó, en los últimos cuatro años solo
había podido coger un par de semanas de vacaciones, muestra irrefutable de su
compromiso con los objetivos de la compañía.
El aterrizaje, un tanto movidito por la climatología, había
interrumpido definitivamente la anécdota. -¡Wayne!- Le llame, cuando lo ví unos
metros delante en la cinta transportadora de la terminal. Tras cuatro horas y
media de viaje y un aterrizaje que más pareció un amerizaje, ya nos podíamos
tutear. -Bueno, estamos en tierra sanos y a salvo- le solté mientras él giraba
levemente el torso para verme acercar.
-Dime, ¿Cómo acabó la
historia de Iacocca?-
-No lo aceptó- me cortó sin dejarme preguntar, más que con
mi gesto de extrañeza.
-Veras- continuó
explicándome a la vez que arqueaba levemente una de sus blancas cejas -el lunes
a primera hora, Lee me llamo a su despacho para que programará entrevistas con
los otros dos de la terna. No podemos permitirnos el lujo- me dijo Lee, en un
tono que no albergaba ninguna duda – en dejar semejante proyecto en manos de un
hombre así.
Alguién, sentenció
muy despacio Lee, incapaz de organizarse para pasar al menos, dos semanas al
año con su familia de vacaciones, nos dará, sin duda, problemas para gestionar
tan importante cantidad de recursos, materiales y humanos.
Recursos y Humanos II
El caso es que la ínclita compañía, a pesar de disponer de
múltiples ramificaciones entre el sector público, y estar bien posicionada en
numerosos países de varios continentes sufría un constante goteo de personal.
El departamento de recursos humanos siempre andaba desbordado de trabajo. En
búsqueda constante de nuevo personal. Intentando tapar así, esas goteras por
donde se perdía el talento. Poco a poco, pero de forma constante.
Resultaba curioso que una empresa dedicada al cuidado del
medio ambiente, reprodujera tan fielmente el ciclo natural del agua en su
tratamiento de los recursos humanos. El calor de la acogida imitaba al poder
del sol sobre los mares. El nuevo trabajador experimentaba una sutil pero
constante elevación hasta situarse sobre el resto de mortales, estaba, se creía,
en el cielo. Como con la evaporación del agua, también lo hacia su esencia,
como humano. Ya era una nube. A partir de ahí, dependía de los vientos. A pesar
de no disponer del gobierno sobre el propio rumbo, los dulces y cálidos alisios
del inicio le permitían viajar y ver mundo. Pero el propio ciclo te arrastra
hasta la costa, donde de manera inevitable tarde o temprano, aparece un
obstáculo.
Entonces, no importa el tamaño de la montaña. Ni del
problema. No decide la nube, sino el viento. Aflojar en su intensidad para que
todo fluya y se supere el obstáculo. O mantener la fuerza pretendiendo quizás tumbar
la montaña, ¿con una nube?. En cualquier caso, hace tiempo que el individuo
dejo de controlar su destino. Hace tiempo que está en manos de los caprichos
del viento. En cuanto la presión llegue a un punto, se precipitara como gotas
de lluvia, o de talento. Debiendo iniciarse de nuevo el ciclo. Que trabajo más
fértil para la tierra, que trabajo más estéril para los recursos humanos.
(continuará...)
Recursos y Humanos
Pasaban algunos minutos de las nueve de la noche cuando
Andrés me llamaba para contestar mi mensaje. Acababa de salir del despacho del
jefe supremo; Disculpa camarada acabo de salir del despacho de Emmanuel y no
podía atender tu llamada, me decía en un tono que discurría entre la disculpa y
la explicación. Eran las nueve de la noche y todavía le quedaban sesenta
kilómetros desde la fábrica a su casa. Y otros tantos minutos más o menos para
poder atender a nuestra cita antes de volver a desaparecer en un viaje de
semanas.
Andrés era un alto ejecutivo de una multinacional española,
aun así tremendamente pueblerina en su más peyorativo y denostado significado.
Porque la empresa estaba en manos de su propietario mayoritario. Un hombre
anclado en el pasado capaz de desaprovechar todas las oportunidades que ofrece
el viajar. De los que entienden que recibir un salario, supone carta blanca
sobre la vida del prójimo, como si el sueldo no fuera tal, sino el precio de
una compraventa. De la venta de un alma al diablo.
Como Dios los crea y ellos se juntan, el director del área
de recursos humanos, un tal Roman Carruana, le iba a la zaga en cuanto a
procedencia rural. También aquí uso el término rural, no precisamente, en el
onírico ideal de vida que muchos tenemos sobre lo maravilloso que resulta vivir
en el campo, sino más bien en su lejanía de los núcleos de población. En su
desconocimiento o incluso desprecio hacia quien los habita. Las personas. Diríase
que son prototipos de individuos más acostumbrados a tratar con animales. Y de
los llamados de carga, antes que de los llamados de compañía. Estos últimos,
que también los tienen, suelen estar atados a cadenas en el patio, fuera de la
vivienda. Porque tienen de todo. Es más, entre el ser o tener, siempre
prefieren tener y en el caso de ser, El Amo.
(continuará...)
El Kapital Social
Cuando se habla de mercado siempre salta el resorte izquierdo y se planta frente a el capital, como tabú irracional. Pero realmente el mercado, tantas veces estigmatizado como árbitro del capitalismo, resulta ser por su propia naturaleza, de carácter social.
Entonces , de qué sirve agitar la calle y coartar libertades, de qué sirve legislar a golpe de ILP. Comprendo que existan personas que crean más en el estado que en la libertad personal, pero no lo comparto.
Ayer fueron dos jubilados, podrían ser perfectamente mis padres , mis abuelos, pero. Ya está bien de que siempre exijamos la teta de mama estado para solucionar nuestros problemas. Respeto enormemente a mis amigos socialistas, pero, ya, está, bien. La teta se secó.
El tan denostado capitalismo dispone también de mecanismos de corrección social. Drástico, como el capital. Se llama, Mercado. Y además es un canto a la libertad. Porque la solución no está en una ILP sino en el Mercado. Sin coartar a nadie sino todo lo contrario, ejerciendo nuestra libertad.
Y eso es, lo que os propongo. Ejerzamos nuestra libertad, sí, sentirla, es vuestra, la libertad individual. ¿Cómo?, muy sencillo, banco que desahucie banco al que se le retiran todas nuestras cuentas. Siente tu libertad.
Así que, queridos amigos, seamos libres, actuemos como tales. Os pido que iniciéis esta cadena y actuéis. Empezando por mis amigos que disponen de las cuentas más abultadas , ellos harán de punta de lanza pero detrás , todos, también mis amigos obreros y comunistas y de cualquier otro pelaje. No esperemos a que el estado nos limpie el culito. Qué piensas hacer tú por tu país planteaba JFK. La situación lo requiere, hagámoslo.
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